Hora de más orientalismo mamador. Me gusta una palabra en japonés, 季節感 (kisetsukan) [estaciones-sentir]; poder sentir las estaciones. La idea es simple y está literalmente en la palabra: sentir las estaciones pasar.
A lo largo de un año hay toda una serie de pequeños recordatorios de que el tiempo está pasando. Lo noto al ver el cielo, sentir el aire y ver los árboles. Caminando por un jardín bien compuesto deberías saber en qué momento del año estás sin ver un calendario. Por ejemplo sé que cuando el cielo se ponga gris y las hortensias estén en flor se acerca mi cumpleaños; las flores de equinoccio me ponen triste no porque crea en alguna superstición alrededor de ellas, sino porque se que son una señal de que pronto hará frío, de que ya estamos en esa resbaladilla que empieza en Septiembre y hace que el tiempo se acelere hasta el fin de año.
Vivir notando constantemente a tu alrededor que hoy es un poco diferente que ayer, que el tiempo no se detiene. Aunque sea una nueva instancia del mismo ciclo y la primavera venga en marzo de la misma manera en la que llegó en marzo del año pasado y de la que llegará en marzo del año que viene, este marzo es este marzo porque yo soy el que existe ahora. El espectáculo de los cerezos podrá repetirse todos los años sin muchos cambios, las flores aparentemente viendose igual, pero nosotros que las vemos vamos cambiando, un año más viejos por lo menos.
Hoy al salir a caminar el cielo estaba azul, todavía un cielo de invierno limpio y sin ni una nube. Hace mucho menos frío que ayer. El cerezo de la foto de arriba que hace 2 semanas tenía apenas unos cuantos botones abiertos estaba floreciendo. Este cerezo que floreció antes que los demás es como un pequeño mensajero de lo que se viene, de un nuevo comienzo diferente a los demás pero que no me va a esperar. Puedo sentir a mi alrededor el tiempo pasando, se va el invierno y pronto empieza una nueva primavera, soy un año más viejo y el tiempo sigue pasando a través de mi.
Hay un tipo de bodegón que me gusta mucho, Vanidad de vanidades o Vanitas, porque tiene el mismo efecto. Recordarme que voy a morir. Hay muchas instancias, pero los símbolos se repiten: un reloj de arena para decirte que el tiempo no se detiene, un cráneo para recordarte cómo te verás en un rato, una vela derretida y apagada, un globo terráqueo y una corona (porque, ¿de qué sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?); el pintor puede agregar símbolos de riquezas materiales, fertilidad y conocimientos al gusto.
Lo importante del memento mori es no perder la perspectiva. Del tiempo, de la vida y de lo que realmente nos importa. Cuando era niño pensé que los adultos eran tan tontos por perder la perspectiva de cosas tan simples hasta que fue mi turno.
El sentir de las estaciones es el mejor memento mori que conozco. Si me van a recordar que me voy a morir y que estoy una primavera más cerca de mi muerte, prefiero que sea un cerezo el que lo haga.